Toda
emoción constituye un impulso que nos moviliza a la acción. Entonces, desde el
plano semántico, significa “movimiento hacia”, y basta con observar a los niños
pequeños para encontrar la forma en que las emociones los dirigen hacia una
acción determinada, que puede ser reír, observar o recogerse sobre sí mismos.
Cada uno de nosotros viene equipado con unos programas de reacción automática o
una serie de predisposiciones biológicas a la acción.